Libro Mapas

   Mapas                          

http://everba.eter.org/spring05/mapas_ana.pdf   

Tal vez las palabras que mejor convengan a la poesía de Ana Lema sean corazonada y fascinación. 
La descubrí por la primera, en uno de esos vuelcos y estremecimientos
intraducibles donde reconocemos la voz del otro. Seguirla luego fue más fácil porque primó lo segundo. Ana habla desde la jungla ciudadana con sus ritmos, rayos,centellas que por supuesto le dejan las escarificaciones y tatuajes que nos muestra en estos OEMapas¹.
Los poemas de Ana Lema, como ella, desfallecen, arremeten, ceden y
cantan. Su lenguaje tiene algo del fluir de las mareas cruzado con ave fénix. De ahí, estas líneas, de ahí mi OEcorazonada¹.
                            
                                                                             -Luisa Futoransky-


                                                           
I: El despegue 

                                  
La relatividad de un hombre piedrita

Primera semana:
dos.
El descarne
la anécdota fresca
el verde del césped murmurando
sosteniendo los cuerpos.

Segunda semana:
dos.
Las palabras
te amo que son ahora:
-¿te aburro?-
y si no lo hago, entonces:
(¿qué siento?).

Semana tres:
Dudosamente, aún
dos.
Sin matices, desdibujo
el camino
hacia otro amor,
le doy un nombre con sabor
a orquídea lila, y
el aroma...

Semana cuarta:
Cuando la realidad me gira la cara
quedo frente a vos y errónea
una vez más
pienso
en solventar el compromiso,
en sostener la nada con más nada.
Entonces me aparto
y no respirás.
Te indico: -¡no me ahogues con tus caprichos!-.

Quinta semana:
(sinónimo de caos)
Vos estás muerto,
parecés muerto
mejor dicho, sos...

Sumergida en la bañera
contrarío la rutina
descreo de las ideas, de los deseos que invento,
e intento.
a duras penas,
no dejarte.

Semana seis:
Arremeto nuevamente,
contra el
filo.

Construyo una ciudad aérea,
con una familia dentro.
Es agosto y las luces lejanas,
encendidas de los departamentos
convencen la ilusión,
por dentro y por fuera.
Apenas: dos seres.

Séptima semana:
Me desato
y quedo vacía,
a la intemperie.
Se borra la ciudad y ahora es la tierra,
la absorbo.

Testeo el silencio.
No te llamo.
Suena el teléfono,
me olvido el auricular descolgado.
En el filo:
la palabra.
.
Reflexiono,
el deseo no existe
lo inventan los seres.
Mas sin deseo, ¿desaparecemos?

Octava semana:
Las lombrices juegan en la pared,
la pared es la tierra,
el deseo esta enterrado.

La ciudad crece una vez más,
la recreo en otro aire,
la destruyo a mi antojo.
Mientras, repercuto (suave) se ausenta el filo.
______


El parque de las escondidas


10:00 am.

El frío se apoya en mis encías
y mi mente, en la casa
cuando las palomas pellizcan
restos de comida entre la basura.

10:45 am

Me acerco a las mujeres que parecen discutir,
la rubia sentada a la derecha, lleva una campera de canelones,
la otra, un pasamontañas de colores
y varios abrigos, también de coloridos.

Su mirada tiene un atractivo especial.
De repente, parecería que recuerdan algo
quizá, se aburren
pero dejan el parque, se alejan.

11:30 am

En un banco a mi derecha,
un hombre de aspecto prolijo, posible oficinista
se sume en un libro
cada tanto me observa.
Mientras mastico pescado frito,
Diluyo entre mis pensamientos “¿querrá hablar?”
cuando vuelvo la vista
es tarde,
y desapareció.

12:00 mediodía

Tres mujeres negras discurren a gritos
acerca del tiempo.
La que sonríe, carga un bebé en su morral,
creo que al niño no le molesta el frío
acurrucado en su enterito polar.

12:30 pm.

Se acerca un hombre
de cabellos rojos
lo fastidian las palomas,
les cede unas migajas,
(tampoco comen de su mano).

12:50 pm

La llovizna se cuela
borronea las letras
y mi carta es, ahora
apenas manchas sobre unos reglones.

En el interior de un taxi
desdibujo el tiempo
sobre la neblina espesa
entre las agujas
una torre, y comprendo
sí, nuevamente tarde...
________


Después de la pelea


Contemplo el mar a través de la ventana.
Envuelta en el aire la sal roza y reseca mi piel.
Mientras el agua inquieta baña las piedras entre la arena.
Entonces aparecés. Unas gaviotas se abalanzan con sus picos abiertos,
haciendo blanco en tus ojos, en la carne de tu cara. Y picotean con insistencia
hasta arrancarte los ojos.
Pero de repente, el timbre del portero suena. Atiendo, te abro mientras las
ventanas de mis ojos contemplan otra vez la Avenida Rivadavia, y
te beso.
_________


Madrid (en el día de tu muerte)


Desde Sol hasta La Puerta de Alcalá
a salvo de mi cuerpo permanezco, en un resguardo de mi
mente, vago.

Me detengo por unas cervezas,
cruzo la avenida y llego a El Retiro.
Elijo, el que a mi criterio, es el mejor banco,
lejos de la feria,
cerca del lago.

El agua no huele a río,
sino a sed.
Reparo en las filas de estatuas
junto a los caminos
se asemejan a los jardines de la Plaza Moreno pero,
faltan palomas y la catedral
y, sé que
no estoy en La Plata.

Casi nunca me disgustan los lugares en que encallo
sencillamente, hoy
me incomodo yo.

Los patos me resultan tontos,
de todos modos, reparo en ellos
su bulla los hace ineludibles
dentro del paisaje.
Y entonces,
parloteo de ideas.

Pero, “¿las ideas pueden parlotear?”
estoy segura de que si no lo hacen
es porque galopan.
El parloteo, supongo, es un tanto más lento.

Los alaridos de unos críos,
espantan a los patos y
abro mi última lata de cerveza,
y me acerco al borde del lago.

Una cara se refleja y
lo recuerdo expuesto,
desplegado entre mis sábanas,
merodeando en la cocina, riendo.

O cuando en puntas de pie,
acariciaba su cuello,
bajo el agua cálida de la ducha,
mis dedos perdiéndose entre sus rizados cabellos rojos,
deslizándose sobre sus ufanas costillas.

Una piedra sorpresiva irrita el agua
que vengativa me salpica.
No dormía
pero despierto.

Las gotas todavía adheridas, cosquillean mi cara
y quedo frente a mí
sangrando,
vagando y sangrando
pero no estoy herida.
___________


Pensión de Sol


Nunca fui...
y bebí todo mi dinero,
como por última vez.

El bar: casi vacío,
pocas personas se emborrachan;
los lunes.

A veces; me entretengo contando estrellas
a través de la diminuta ventana de la habitación,
tiene las dimensiones de las ventanas de las cárceles.
Mientras observo las manchas de sangre
adheridas al piso.

La dueña dice: -no es nada-,
otras, suspira.
Mañana por la tarde
alguien regresa
y deberé partir (me).

Desde la cantina vecina
se filtran gritos,
develan falsa compañía;
también se acopian sabores: paellas oleosas,
supongo carnes asadas y también huelo mariscos...

Por el hash, embriagada
me adhiero los auriculares.
Oídos sordos para Sinnead O´Connor, tal vez sea Oasis
y el silencio, aturde.

Mastico puñados de avena
cruda,
del paquete que compré esta mañana en la feria.
Apenas, unas pocas pesetas.

Amanece,
tan oscura en el país de los claros,
tan engullida de noche.

Un laminilla de acero mordiente
sé que es ajena a mi sangre,
sin embargo, logra derramarla.
___________


Los mensajes bajo los imanes de mi Peabody


“Responder cartas” escribo en un papel
que aplano bajo el imán
con forma de casa,
sobre la puerta de la heladera.

Me ocupo de un libro, que como por azar
se abre ante mí;
no me distrae y, en cambio
distingo la palabra
hasta el momento, oculta.
La pienso: ausente
y en cambio, me transformo
cuando mi espejo me devuelve
fervor, e invento.

Las gotas se deslizan por mi cara
reparo en la temperatura: muy alta.
Pienso “al menos el ruido de los autos aturde
menos en verano”
aunque, ni siquiera me importa.

Humedecen mi cara las gotas y me refrescan,
sudor que responde a mi pavloviano estado y ya
no soy, sino mentiras, cifradas en papeles
adheridas por imanes en la puerta de mi
heladera.

                                   
 II: La caída


Los peces del Jardín Oriental


Machacan contra sus labios las paredes del estanque y alimentos
adheridos a sus costados barrosos, pero no les interesa, ingieren, casi
degluten amarillos, anaranjados rescatan la comida y sus lenguas de
dragones no molestan y en cambio retroalimentan el círculo, obesos.
Cuando las aguas verdes dejaron de respirar se llevaron a los peces
muertos y nuevos, tamaño miniatura fueron largados a nadar y a
alimentarse, mientras las bolsas de comida para peces se reponían en los
estantes de aquel puesto improvisado en la entrada.
No tardarían demasiado los nuevos, sólo reventar.
___________


Nena

El cielo nublado, las casas de fachadas marrones, casi aburridas de tanta
gente por el paseo, Colón. En la cola de los colectivos, la gente se
envuelve en bufandas y manos en los bolsillos que buscan monedas
irremediablemente, casi resignadamente detecto a la nena, en la calle
que pide y se encoge de hombros mientras pelea con alguien mayor que
recién llega. Se cruza entonces, despavorida, frente al 152 y este no
frena, pero la esquiva y ella desaparece tras un árbol del otro lado de la
avenida y cuando enfoco nuevamente su campera irritantemente
colorida, está llorando..., o no, porque el semáforo cambia a verde y
desde adentro del micro... ya no distingo.
__________


Camino de las estrellas


Avenida Santa Fe con sus chicos chicas ceñidos en jean y gel en los
cabellos largos, cortos de las chicas chicos, con sus tejanas de lagarto; de
faldas, pocas y, en la entrada de Angel´s, escaleras arriba, la travesti Marta
larga una estrepitosa carcajada con voz radiante de portuario. Y nadie da
tres centavos por las prostitutas, prostitutos de ese...fiolo ojos brillosos,
billetera llenada a base de fluidos; solos...Pero el mundo es tan feliz en
esta noche de
glamour...
                                   
                  
III: La secuela


Inmediaciones y lejanías

                                                                A mi madre y a Luisa de París

a) Arena en granos, semeja el azúcar de algunas manzanas. 
    Y quienes construyen sus casas las reservan para la mezcla de
    las paredes de sus cocinas.
b) Blancas esferas en el cielo. Divagan, y en sus formas encuentro...
c) Cánticos cristianos olvido. Mi memoria desecha lo inútil 
   (aunque solo si lo detecta).

d) Desterrada, juego contra un destino.
e) Edimburgo etílico. Lejos, días nublados y encierran tanto
    misterio, como gente en los pubs.
f) Flan: ese sabor extraño para el París aglutinado por la oferta de crépes.

g) Gencer me obsequia el tono de su voz y en cada nota encuentro a
    ese alguien.
h) Hornos de cerámica donde se cocían los monigotes que moldeábamos
   distraídos, en el jardín. Y si éramos felices no lo notábamos.
i) Insomne el displacer maquina sus jugadas en el casino de la vida, 
   pero las fieles costuras de mis mangas me reservan un full de ases.

j) Jardines flemáticos como las caras de esos parientes desconocidos, de      
   quienes vendo las fotos.
k) Kummel abundante y ni la borrachera alcanza cuando los emigrantes rusos
    hacen fila ante las oficinas de desempleo de la inhóspita Bretaña.
l) Lámparas de Aladino con anhelos y sin genios, encajadas en otras     
   lámparas,recovecos en mi cabeza.
   Y la locomoción estimula, entonces, la ansiedad.

ll) Llagas de los niños morados. Y los puños estallan 
    por las noches cuando los testigos duermen.
m) Marruecos dulce con callejones emparedados de puestos con alfombras,
     impregnadas por un humo dulce que te arrastra y, ahora, 
     el recuerdo me arrastra desde lejos.
n) No se esfuerza por recordar el daño. Por fortuna, no logra detenerme si
    recuerdo las alternativas.

ñ) Ñacundá de alas firmes, alimenta a sus pichones de pico seco. Su orgullo
    macho lo hace el extraño ante sus crías.
o) Operara mis sentidos, el solsticio de Tiahuanacu y la luz se encuentra
    ahora en mí interior.
p) Perduran en un cuarto de mi memoria, aquellas batallas entre mi primo
    y el martirizado piano de la sala, en ocasiones en que aporreaba sus teclas
    para ejecutar pretendidos ruidos que llamaba melodías chinas.

q) Quietas aparecen las agujas, los relojes en los sueños 
    inmunes, ajustan sus cuentas con el pasado.
r) Rebate como por arte de magia, mi realidad, de a ratos sedante, ella la
    parisina arquitecta de las letras perfectas.
s) So presión alarmante prodigan los celestiales testaferros de la bona fide.
    Quienes ven a través de promesas acuden.

t) Tibios tus indicios luminosos en las prematuras tardes fueguinas,
    cuando el tiempo se abstenía de correr.
u) Ultimas semanas del verano mendocino. Por entonces, dispendiosos los
    frutos morados.
v) Viñas, y eran simplemente-uvash- para la pequeña Adelita.

w) Wakuf musulmán, en ocasiones, deberían ser nuestras bocas para
    evitar la alineación de los extraños...
x) Xerófilos; como plantas de clima
    seco quienes perseveran, inexplicablemente en un error, 
     si lo hace más fácil que revisar.

y) Yacen bajo los puentes, cubiertos de hambre, y cuando se vota, con
    suerte, se alimentan de migajas.
z) Zambullida, hendida en olvido, Martina Céspedes es para la historia, muda.

* abecé de A: por momentos, en el mapa me encuentro, Embrión.


No hay comentarios:

Publicar un comentario