del libro Atlas de los Cuatro Vientos


RITUAL

La mujer que sonríe dispone su partida.
Lenitivo aliento casi indescifrable su plegaria íntima.
Cómplice la muerte
se agazapa entre sus pliegues.

Las campanillas del jardín velado, 
han replegado sus pétalos.


Mudez, la negrura avanza para apresarlo todo.



GRAFÍAS PARA EL NO ME ACUERDO

Con inoportuno encanto te escribo para no olvidarme.
Cifro en mayúsculas las ilusiones,
resalto en itálica los buenos tiempos y encierro entre paréntesis
los desencantos. 


Datan de épocas del antiguo Mons Martyrum.



SIN RUMBO

Me entretengo con disquisiciones de la razón,
necedades que ratifico.
Aromas que saben a descuido
a consuelo, un poco menos.
Mientras, mi alma affascinata por la orfandad
rectifica indiferente los caprichos de tu ego.

Debo reconocer que para indulto
los sinsabores, poco y nada pacificadores.



TRAJINAR BOTÁNICO

La planta cuando mustia pierde poco a poco
su esencia y acto seguido, perece.
Algo parecido sobreviene a las personas
cuando en sus vidas asola el fracaso y la decepción.


Entonces, trajinar a contramano
como el chevallier d` épées del tarot,
esgrimiendo el filo
embestir al enemigo y tirria mediante, embucharse el temporal.


Pergamino es una ciudad al noroeste de Buenos Aires.
Plantada en una hondonada acoge espíritus y dogmas diversos.
No es extraño que en sus jardines
prevalezca una vegetación mustia.




ESPEJISMOS

Todavía recuerdo Inverness
verano tardío en el norte escocés.
Rentaste un auto y preferiste mi compañía,
a la de aquel francés que te merodeaba con devoción.

Perpetua la lloviznaba, como pretendíamos nuestro amor.
Lejos los vaivenes de lo que el viento se llevaría.

Y caminatas por la costa del Loch Ness, tardes de lagers,
promesas que incluían futuros reencuentros.
Cálido augurio de la aurora boreal.

Bastaría el silencio para detener el tiempo.



GÀIDHLIG

Comparto clase de fotografía con un escocés
de los tantos que combatieron en Malvinas.
Atragantado le quedó venir
justo del país contrera en la escaramuza.

Me observa con minuciosa obsesión.

Por el ochenta y dos estallaba la guerra
y yo cumplía nueve.
En el coro del colegio nos hacían entonar
la marcha a las islas.
Las estrofas sabían a quimera marcial.

Entonces, con la colimba todavía obligatoria
los de dieciocho andaban con el corazón en la boca
y sus madres rezaban a cuanto santo más o menos creíble aconsejaban
con la esperanza de que sus pichones se libraran de ser carne de cañón.

El primer round arrojó una diz de victoria local
errata mediante
el reino se instalaba en las islas
hasta hoy.

Patriada malentendida empezada por casa.
Rosario de tormentos sucedieron.
indistinto si las huestes venían del sur o el norte
sí a todos les quedaría sellado el corazón.

Me pregunto si el escocés con quien nos miramos de soslayo
estará tan convencido como yo de que
no existen vencedores ni vencidos, 
apenas resabios de amargo desatino.



DIÁLOGOS CON LA PARCA

A veces lo recuerdo, sin mayor éxito en lo de esquivarle el rostro
a la melancolía mezquina, porque a final de cuentas, y no importa cuánto me esfuerce, siempre el mismo tramo.

Ella solo me suelta la mano, una vez en Valdemar.

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